jueves, 14 de septiembre de 2017

Lorealismo político


El término lorealista, de creciente uso, se utiliza coloquialmente para referirse a aquella mujer cuyas pretensiones están completamente desconectadas del  esfuerzo que está dispuesta a hacer para lograrlas, siendo elevadas las primeras e ínfimo el segundo. Su origen está en el lema de una conocida marca de productos de belleza: “porque yo lo valgo”.


Y así, una típica mujer lorealista es aquella que desea tener un buen nivel de vida pero que no está dispuesta a realizar el esfuerzo que para cualquiera conlleva tenerlo. Buen nivel de vida incluye aquí atenciones, invitaciones a pubs, restaurantes o espectáculos, regalos, casa, dinero, etc. El atajo para alcanzar todo esto con un ínfimo esfuerzo está en la utilización de su belleza, de su atractivo, del sexo, etc. para lograr el control de algún hombre que tenga aquellos recursos que ella desea y, mediante este control, hacerse con éstos. Este es el esquema básico, al que se le pueden hacer muchas matizaciones en función de las circunstancias. En el entorno feminista actual se añade el estado como elemento que sirve eficazmente a las transferencias de recursos de hombres a mujeres lorealistas.

La otra innovación del feminismo al respecto ha sido el llevar el lorealismo a la política. Las llamadas listas electorales “paritarias”, macrofeminismo obligatorio en España, son un buen ejemplo de lorealismo político. Con independencia de los méritos políticos de las  mujeres incluidas en las listas, generalmente escasos o inexistentes, como sabe cualquiera que conozca algo del funcionamiento de un partido político y de la política en España, muchas mujeres entran en ellas para que la lista alcance la obligatoria “paridad”. Y esto es así “porque ellas lo valen”, sin esfuerzo, sin trabajo de militancia en el partido o, en todo caso, con mucho menos trabajo que sus compañeros de partido varones. Las listas electorales “cremallera”, no obligatorias pero muy populares entre algunos partidos de izquierda, que además las exhiben como si fueran un logro, es una vuelta de tuerca en este lorealismo político. Aquí las mujeres han de ir en posiciones alternativas en la lista electoral, también con independencia del trabajo político realizado. Obviamente, como elemento explicativo de este tipo de lorealismo, ya no se trata aquí del control individual de un hombre por una mujer, sino de la fuerza política que la ideología feminista ha logrado y del poder de coerción que tiene sobre los actores sociales.