martes, 21 de noviembre de 2017

[REPOSICIÓN] Economía política de los antifascistas de extrema izquierda, sharperos y “guarros”


El antifascismo es un fragmento ideológico de amplio alcance que hoy domina al conjunto económico, político y social. Todo el mundo es antifascista, todos excepto los “fascistas” lo son, todos, de cualquier tendencia política. Históricamente, el antifascismo fue una estrategia soviética de lucha contra el fascismo que vino a sustituir a la anterior maniobra, ya fracasada, de los frentes populares. La creación de éstos fue aprobada por el Komintern en 1935 y pretendía la unión de comunistas con socialistas y otras fuerzas de izquierda. La estrategia del antifascismo trata, en cambio, de aglutinar a toda la oposición al fascismo, incluida la oposición burguesa. Involuntariamente supone el reconocimiento de que marxismo y liberalismo proceden de una misma cosmovisión. Políticamente prestó grandes servicios al bolchevismo de la época, aunque posteriormente las burguesías de Estados Unidos y del oeste europeo lo consideraron también útil para ellas. En ambos casos toma la forma citada de fragmento ideológico de amplio alcance, un mínimo común denominador de todas las ideologías no fascistas y no superhumanistas. El antifascismo no es en absoluto patrimonio de la extrema izquierda, ni de los sharperos o “guarros” (término coloquial ganado a pulso por éstos a fuerza de no lavarse y de utilizar un vestuario andrajoso), aunque estos elementos sí han hecho algo único con el antifascismo, que se comentará más abajo. El antifascismo es uno de los fundamentos ideológicos de este régimen y de esta sociedad. No descubro nada si afirmo que en Wall Street son antifascistas, tanto como en la sede de Izquierda Unida.
     
Siendo esto así, hay, no obstante, determinados tipejos que lucen ostentosamente la denominación política de antifascistas. Son los mencionados antifascistas de extrema izquierda, elementos también conocidos como sharperos o “guarros” que, a falta de identificación nítida con alguna ideología política de izquierda concreta (socialdemocracia, comunismo, anarquismo, etcétera), la cual parece quedarles grande, se autodenominan antifascistas. Carece el antifascismo de extrema izquierda de un corpus teórico, con sus obras y sus autores característicos (algo que les da igual, pues esta gente no lee), así como de un modelo particular de sociedad que plantear y una forma de alcanzarla, como es el caso de los comunistas, o el de los anarquistas. El mismo análisis léxico revela que son puramente reactivos (antifascistas), no teniendo nada que ofrecer en términos de construcción o de creación social. A falta de una ideología propia, toman en la década de 1970 este fragmento ideológico creado por los comunistas soviéticos como estrategia política en un contexto determinado de la década de 1940, reciclado por la burguesía posteriormente, y hoy útil como unificador de toda ideología política conforme con el régimen, como si de una ideología política genuina se tratara. Para estos obtusos, que parcialmente terminan configurando una especie de subcultura juvenil, es más que suficiente. En la izquierda, quien no vale para otra cosa se hace antifascista.
    
Entonces queda explicar el relativo éxito del antifascismo de extrema izquierda, el hecho de que semejante impostura no se haya disuelto sin más. Creo que su éxito está en la utilidad que los antifascistas de extrema izquierda tienen para los actuales regímenes del centro y oeste europeo, amalgama de liberalismo económico y socialdemocracia política y social. ¿Para qué sirven esta particular ideología sin textos, sin teóricos y sin propuestas positivas, y los adscritos a ella?
    
La democracia burguesa actual (dictadura democrática para sus enemigos) debe garantizar sobre el papel una serie de derechos civiles y políticos para ser llamada democrática. Frente a la disidencia real, la policía de los estados organizados según el modelo de democracia burguesa no puede hacer ciertas cosas que este estado necesita hacer, sin contradecir flagrantemente este conjunto de garantías. Los antifascistas de extrema izquierda son los encargados de hacerles este trabajo sucio a los respetables antifascistas liberales y socialdemócratas. Puede decirse que los antifascistas de extrema izquierda son una policía alternativa de la que se dotan los regímenes burgueses demoliberales. Esto lo comenté en otra ocasión. Si un grupo auténticamente nacionalista y disidente convoca un acto de tipo pacífico y legal y logra las autorizaciones, en virtud de los derechos políticos de que el sistema se ha dotado, no puede el gobierno enviar a la policía a disolverlo sin entrar en contradicción evidente consigo mismo. Pero sí puede “disponer” de grupúsculos de antifascistas de extrema izquierda para que acudan a reventar el acto. Los sharperos le hacen a la burguesía ese trabajo policial. ¿Y cómo dispone el régimen de estos elementos? Por la propia obsesión de estos individuos hacia los “fascistas”, el régimen no necesita hacer nada para que los guarros actúen. No obstante, algunos de estos infames al servicio del capital, organizados como asociaciones culturales, reciben subvenciones. Por otro lado, la mayoría de estos hechos de gamberrismo político consistente en reventar actos políticos legales de la disidencia, suelen quedar impunes.
    
Los antifascistas de extrema izquierda, amparados en la buena prensa de la que disfrutan (los medios del régimen les miman) y que les da un plus de legitimidad, saturan políticamente determinados barrios de muchas ciudades. Logran con eso apartar de la auténtica disidencia, que siempre es nacionalista y antiglobalizadora, a jóvenes que por situación objetiva de opresión y represión por parte del régimen serían candidatos a nutrirla. En lugar de eso, convertidos en los sirvientes de la burguesía, fortalecen las filas de la pseudo-oposición que representa el antifascismo de extrema izquierda, con su izquierdismo carente de táctica y estrategia, su xenomanía, su endofobia y su característica y repugnante apología del consumo de drogas, elementos todos que refuerzan al sistema. No quiero decir con esto que entre los antifascistas de extrema izquierda no haya numerosos miembros de origen burgués, un elemento característico y que sería interesante analizar. Pero cualquiera que conozca el ambiente de la juventud fascista y de la juventud antifascista podrá constatar que en parte está integrada por personas en situación social similar, personas que comparten una misma clase social trabajadora y un mismo territorio.
   
Los antifascistas de extrema izquierda están obsesionados, como se ha dicho, con los “fascistas”, que son denigrados y criminalizados con la impunidad de la que solo disfruta el que es útil al régimen. Con ello, en la medida de sus posibilidades, distraen la atención de la gente a la hora de que ésta pueda identificar a los responsables de la degradación (o intensificación del capitalismo) actual en las naciones de Europa. Aquí hemos denunciado repetidamente quiénes son éstos: multinacionales, financieros internacionales, traficantes de la Bolsa y todo el entramado político-social a su servicio (en España hablamos del conjunto de partidos del arco parlamentario y de sus detestables políticos profesionales, desde Otegui hasta Rajoy, con sus privilegios y sus autonomías, de las inmundas patronales, de los nauseabundos sindicatos amarillos, de las grotescas ONGs inmigracionistas empeñadas en destruir nuestra autoctonía, etcétera).
     
Otro servicio de los antifascistas de extrema izquierda, quizás el más importante, es que mantienen en el imaginario colectivo, escenificándola, la continuidad de la lucha fascismo/antifascismo, tan necesaria en unas sociedades edificadas sobre el consenso antifascista. Parece que se quiere transmitir que si hay antifascistas permanentemente en lucha es porque hay siempre malvados fascistas dispuestos a atacar a la sociedad y a su magnífico ordenamiento político democrático. Y esto hay que escenificarlo, para adoctrinamiento de las muchedumbres. Volvemos pues a encontrarnos a los antifascistas de extrema izquierda como fenomenales guardianes del statu quo, como eficaces paladines del gran capital.

domingo, 29 de octubre de 2017

La constitución de 1978 es el problema y no la solución


El sector llamado constitucionalista, conformado especialmente por los cuadros y miembros del Partido Popular y de Ciudadanos, por sus simpatizantes y por todos aquellos que suscriben sus tesis constitucionalistas y actúan en consecuencia, se ha autoerigido como defensor de la unidad de España y como solución al problema del separatismo catalán, cuando realmente esa constitución, de la que toman el nombre y a la cual aluden como solución, no es sino el problema que ha dado origen a otros problemas. Utilizan para ello la fuerza numérica de un sector importante de población, españoles por instinto en el mejor sentido de la palabra, que este sector constitucionalista logra dirigir con facilidad dada la debilidad organizativa de otras opciones políticas auténticamente patriotas.

La tesis de los constitucionalistas es un fraude. Esa constitución de la que tanto dicen esperar es la que permite estatutos de autonomía con competencia en educación, elemento básico para haber llegado a la situación actual. Teniendo los separatistas catalanes, que no nacionalistas (no puede ser considerado nacionalista quien defiende la inmigración masiva, el feminismo y el progresismo en general, caso de estos separatistas), ese instrumento en sus manos, se les da, por parte de esa constitución, la posibilidad del adoctrinamiento masivo de la población en sus postulados separatistas. Estos no han dejado escapar la ocasión y el adoctrinamiento, cada vez más intenso, se prologa ya durante decenios. También es esa constitución la que permite todos y cada uno de los excesos y abusos del gobierno autonómico catalán contra la población catalana de lengua castellana. Esa constitución infame es la que permite la participación política de partidos abiertamente hostiles a la unidad de España, partidos separatistas, algo que en sitios como Francia o como Alemania no puede ocurrir.  

Partido Popular y Ciudadanos son partidos contrarios a España. Son partidos que han desarrollado agresivas políticas de inmigración masiva contra la población nativa española, así como prácticas racistas de discriminación negativa contra sus connacionales. Son partidos contrarios a toda medida que sirva para recuperar soberanía nacional, partidos globalizadores, partidos liberales, partidos promotores de la deslocalización empresarial y la desindustrialización y de los contratos basura. Son partidos que sostienen aberraciones jurídicas como la Ley Integral contra la Violencia de Género, que convierte a los hombres de España en ciudadanos de tercera, conculcando sus derechos a la presunción de inocencia, a la igualdad ante la ley y a la tutela judicial efectiva. Son partidos partidarios de la propaganda homosexualista en las escuelas de España. Son partidos que hacen mucho daño a nuestra patria y el que se erijan en defensores de la misma es una vergüenza nacional.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Lorealismo político


El término lorealista, de creciente uso, se utiliza coloquialmente para referirse a aquella mujer cuyas pretensiones están completamente desconectadas del  esfuerzo que está dispuesta a hacer para lograrlas, siendo elevadas las primeras e ínfimo el segundo. Su origen está en el lema de una conocida marca de productos de belleza: “porque yo lo valgo”.


Y así, una típica mujer lorealista es aquella que desea tener un buen nivel de vida pero que no está dispuesta a realizar el esfuerzo que para cualquiera conlleva tenerlo. Buen nivel de vida incluye aquí atenciones, invitaciones a pubs, restaurantes o espectáculos, regalos, casa, dinero, etc. El atajo para alcanzar todo esto con un ínfimo esfuerzo está en la utilización de su belleza, de su atractivo, del sexo, etc. para lograr el control de algún hombre que tenga aquellos recursos que ella desea y, mediante este control, hacerse con éstos. Este es el esquema básico, al que se le pueden hacer muchas matizaciones en función de las circunstancias. En el entorno feminista actual se añade el estado como elemento que sirve eficazmente a las transferencias de recursos de hombres a mujeres lorealistas.

La otra innovación del feminismo al respecto ha sido el llevar el lorealismo a la política. Las llamadas listas electorales “paritarias”, macrofeminismo obligatorio en España, son un buen ejemplo de lorealismo político. Con independencia de los méritos políticos de las  mujeres incluidas en las listas, generalmente escasos o inexistentes, como sabe cualquiera que conozca algo del funcionamiento de un partido político y de la política en España, muchas mujeres entran en ellas para que la lista alcance la obligatoria “paridad”. Y esto es así “porque ellas lo valen”, sin esfuerzo, sin trabajo de militancia en el partido o, en todo caso, con mucho menos trabajo que sus compañeros de partido varones. Las listas electorales “cremallera”, no obligatorias pero muy populares entre algunos partidos de izquierda, que además las exhiben como si fueran un logro, es una vuelta de tuerca en este lorealismo político. Aquí las mujeres han de ir en posiciones alternativas en la lista electoral, también con independencia del trabajo político realizado. Obviamente, como elemento explicativo de este tipo de lorealismo, ya no se trata aquí del control individual de un hombre por una mujer, sino de la fuerza política que la ideología feminista ha logrado y del poder de coerción que tiene sobre los actores sociales.

lunes, 21 de agosto de 2017

La inmigración masiva como política y sus implicaciones


La inmigración masiva es una política y no un fenómeno, tal y como quieren hacernos creer sus promotores que, además, pretenden que es inevitable.


Como tal política implica: 

1) una propaganda favorable a la misma, también masiva, que ha tenido bastante éxito, dada la tolerancia conseguida entre la población autóctona europea a la ocupación de su territorio por masas de alógenos. 

2) la apertura de fronteras y la permisividad con respecto a la entrada de inmigrantes de manera ilegal en el territorio, así como la poca diligencia en las correspondientes devoluciones a sus países de inmigrantes que han entrado ilegalmente.

3) la puesta en marcha de una serie de medidas para favorecer semejante inmigración desde el lado del inmigrante, destacando las que entran dentro de la categoría de la discriminación positiva por motivo étnico, motivadoras de un efecto llamada, así como las regularizaciones y nacionalizaciones masivas.  

4) una batería de medidas represivas de las posibles resistencias populares a esta ocupación del propio espacio, que incluye importantes restricciones a los derechos de opinión, expresión y asociación de los autóctonos, las presiones a los medios de comunicación más o menos críticos y la promoción de la autocensura en los mismos y una merma del pluralismo político e ideológico en general. La relativa tolerancia de la población autóctona a la ocupación de su espacio no ha sido conseguida, por tanto, sólo a base de propaganda; la represión de esta misma población autóctona ha jugado un papel importantísimo. Las políticas de inmigración masiva suponen así un programa extenso que coarta bastante las libertades y los derechos de los autóctonos.

Publicado también en Alerta Digital.

sábado, 1 de julio de 2017

[REPOSICIÓN] Los peligros del huelebraguismo


Hoy hay hombres que, de una forma muy particular, se someten gustosos a sus esposas y novias. Les obsequian con regalos carísimos todo el tiempo, les prestan costosísimos servicios, les sonríen constantemente y les obedecen en todo. Parecen hombres acomplejados, y por esto sumamente agradecidos de que, a pesar de todo, ellas estén con ellos. La dádiva y el servicio continuos funcionan como su manera de reconocer y de compensar esta supuesta anomalía. Estamos, en fin, ante una forma de sometimiento voluntario, o por la fuerza de lo social, a las mujeres.
    
En un nivel práctico, este asunto no sería tema de mayor preocupación si quedara en esto, en un asunto particularísimo de determinados matrimonios y de determinadas parejas de novios (en un nivel más profundo sí puede vislumbrarse detrás del fenómeno el efecto que la combinación de la insidiosa ideología feminista y de la machacona publicidad comercial tiene en la autopercepción de las mujeres en cuanto sexo, que ahora empiezan a creerse excelsas y magníficas por el solo hecho de ser mujeres). Pero estos hombres, huelebraguistas, ejercen, quiéranlo o no, una presión intolerable hacia el huelebraguismo sobre aquellos que no lo son. Y esta presión, por ser personal, es indeciblemente mayor que la que la ideología feminista y la publicidad comercial combinadas pueden hacer sobre ellos. Y es que es bien sabido que en muchas mujeres todo es charla absurda, parloteo diletante, comentario frívolo, conversación inadecuada, comunicación impertinente y verborrea insoportable. Y es obvio que, en el contexto insensato de este coloquio interminable, las mujeres beneficiadas por el huelebraguismo transmiten al resto de féminas que se prestan a escucharlas su feliz circunstancia, presentada además como norma (realmente cada vez hay más huelebraguistas) y como algo a lo que, sin lugar a dudas, tienen derecho por su condición de mujjjjjer. 
    
Y este resto, de inmediato, se siente dolorosamente agraviado y, pícaras, exigen a sus maridos y a sus novios que sucumban a sus exigencias huelebraguistas como la más natural de las cosas. En la búsqueda desesperada de la paz en el hogar, o en la relación si es que son novios y no están ni casados ni instalados en la infamia del amancebamiento, muchos acatan la orden. ¡Craso error! La dinámica huelebraguista no solo se propaga (de un matrimonio o pareja de novios a otro), también se intensifica (en cada matrimonio, en cada pareja de novios), y cada vez se hace más abusiva en sus exigencias.

martes, 13 de junio de 2017

UGT, un sindicato con la élite, contra el pueblo

   
UGT es un sindicato afín al sistema que, en consecuencia, está empeñado, de mil maneras, en la defensa de los intereses de la élite y en el ataque al pueblo.
    
Un buen ejemplo de esto lo tenemos en el portal llamado Aula Intercultural, montado por su federación sindical para los trabajadores de la enseñanza, FETE-UGT. El objetivo de este proyecto es llevar la interculturalidad a la escuela multirracial en que ha devenido la escuela española tras las políticas de inmigración masiva llevadas a cabo por sucesivos gobiernos oligárquicos. El mestizaje cultural que el interculturalismo conlleva es la antesala de la mezcla racial masiva. Por tanto, este proyecto del sindicato UGT equivale a llevar a la práctica otra iniciativa más, de entre muchas en este sentido, para disgregar al pueblo español y convertirlo en maleable muchedumbre racialmente mestiza carente de identidad etnonacional definida.

Así presentan el proyecto sus responsables (tomado de la web homónima, que no enlazo):

«FETE-UGT, en nuestro compromiso por avanzar en la construcción de una educación en pos del respeto y la convivencia entre las diferentes culturas impulsa el proyecto de Aula Intercultural con el interés de facilitar formación al profesorado, materiales didácticos, investigación, talleres con el alumnado, campañas de sensibilización, publicaciones…

Consideramos que es una apuesta clave para el presente y el futuro de nuestra sociedad y creemos que es imprescindible potenciar espacios en la red que apoyen la reflexión, el encuentro y el trabajo en este sentido.

Confiamos en que entre todas y todos consigamos hacer de este portal un espacio de referencia gracias a las aportaciones de quienes día a día nos enfrentamos a los retos de la integración y la convivencia intercultural».
 
¿Quién paga? La Dirección General de Migraciones de la Secretaría de Estado de Inmigración y Emigración, perteneciente al Ministerio de Empleo y Seguridad Social, así como el Fondo de Asilo, Migración e Integración de la Unión Europea. Es decir, no paga el sindicato, pagan los contribuyentes. Colabora el Instituto de Formación del Profesorado, Investigación e Innovación Educativa (IFIIE) del Ministerio de Educación.

Publicado también en Alerta Digital.